Baldr, el dios blanco, príncipe de príncipes

La tormenta de nieve no cesaba. Nuestros padres y hermanos se habían quedado atrapados fuera en ella desde hacía días. ¿Estarían bien padre y hermano mayor?. Esta vez tampoco me dejaron ir. A pesar de mi insistencia para demostrar que ya era un hombre, madre se negó.

– ¡Pero ya puedo cargar con el hacha! ¡Padre díselo! ¡Hemos entrenado muchas horas!

– Déjalo que venga Aðallaug… tiene que empezar a aprender y…

– No. Hoy no. Lo he visto.

Ése fue el fin de la discusión entre padre y madre. Padre es el jarl de nuestro poblado. A pesar de su gran fuerza física y maestría en combate jamás le discute a madre. Eso es porque ella se comunica con los dioses. Madre es una völva. Conoce secretos que los mortales no deberíamos saber, conoce las historias de los dioses… y conoce su destino.

– ¿Einarr? Acércate. Ven junto al fuego, voy a contarte una historia.

De repente la voz de madre me sacó de mis pensamientos. Aunque ella había sido quien había prohibido mi aventura, no podía enfadarme con ella. Tan fuerte, tan dulce, tan bella, tan sabia. Sólo cuando llegué a su lado me di cuenta de que tenía las manos heladas y temblorosas. Las puntas de mis dedos habían cogido un color oscuro. Las soplé, las froté y las acerqué al fuego esperando entrar en calor. Una rama se rompió haciendo saltar varias chispas que se dispersaron en el aire. Madre pasó su capa por encima de mis hombros y me hizo sentar junto ella. No pude evitar sonreír al sentir el calor que emanaba, pero al mirar su rostro noté la tristeza en sus ojos. Una tristeza que me desconcertó.

– ¿Qué historia vas a contarme hoy madre?

– Einarr, tu nombre significa valor. Antes de que nacieras los dioses me prepararon para éste día. Eres el segundo hijo varón de esta familia, como el dios Baldr. Señor de guerreros, príncipe de príncipes. Hoy voy a contarte su historia…

Vi mi propio vaho salir de entre mis labios al ritmo de mi pausada respiración. La historia no había empezado, pero algo me había cautivado. ¿Sería Baldr fuerte? ¿Tanto como Odín? ¿Por qué madre nos relacionaba?.

– Segundo hijo de Odín y Frigg, esposo de Nanna y padre de Foresti. Su casa es Breidablik y no hay salón en todo Asgard que rivalice con su belleza. Nadie puede hablar mal de él, el más sabio de los Aesir, el más justo. Tanto es su esplendor que luz blanca emana de él. Pero no todo en su vida es perfecto. Será uno de los primeros en morir, su muerte será uno de los desencadenantes del Ragnarök. Su madre, Frigg, conociendo el fatal destino de su hijo hizo jurar a todos los objetos de la tierra que creía peligrosos que jamás harían daño a Baldr. Pero cometió un error… infravaloró el muérdago. Lo juzgó inofensivo y demasiado joven y no lo sometió a ningún juramento.

Fruncí el ceño. ¿El muérdago? ¿El primer dios en morir? ¿Por qué madre quería con mi nombre honorar a un dios así? Abrí la boca dispuesto a replicar, pero ella negó con la cabeza y puso dos dedos en mis labios, indicando así que callase y le dejase acabar el relato.

– A parte de Frigg, nadie más conocía la única debilidad de Baldr, así que era inmortal a ojos de todos. Y eso hacía que Loki ardiese de rabia, pues él, amante del caos, astuto y señor de las mentiras ansiaba la muerte de Baldr. Así pues decidió disfrazarse de anciana y visitar a Frigg y la molestó miles de veces hasta que ella le reveló el único objeto que podía arrebatar la vida de Baldr. Loki corrió a los bosques, a buscar muérdago, y con él creó una flecha. Pero matarlo con sus propias manos no era divertido. Si conseguía que otro dios, ignorante del poder del objeto, usara la flecha para matar a Baldr, así sería mucho más divertido.

Escuchaba atento, el corazón me palpitaba con rapidez. ¿Se saldría Loki con la suya? Entreabrí los labios y abrí bastante los ojos, esperando que madre me revelase el desenlace.

– Entonces en un día aún por llegar, Loki propondrá un juego. Todos lanzarán objetos a Baldr, a fin de cuentas, nada va a dañarlo, ¿no?. Loki se acercará a Hodr, uno de los hermanos pequeños de Baldr y le dará la flecha de muérdago y así será como morirá a manos de su propio hermano. Desprovistos de luz y de verdad los dioses anunciarán el Ragnarök, y Odín y la giganta Rindr darán a luz a Váli para que éste vengue la muerte de Baldr y mate a Hodr. Nanna se tirará a la pira mortuoria de Baldr, aguardando el fin del Ragnarök para reencontrarse con su amor. Y Hodr y Baldr se reconciliarán en el reino de Hela. Loki será castigado por su acto una vez se descubra que él fue el que planeó todo, y su castigo será estar atado a tres rocas mientras una serpiente gotea veneno en su cabeza por la eternidad. Y finalmente se acabará el caos, la gran batalla acabará, Baldr renacerá y él, junto a otros hijos de Odín, reinaran el nuevo mundo.

Madre besó mi frente, y sin separarse apenas susurró.

– Einarr, el dios Baldr es justo, es bueno con sus guerreros, es amado y respetado, como todo líder debería ser. A pesar de no ser el primer hijo de Odín, él será quien reine en el nuevo mundo. Y tu, pequeño mío, a partir de hoy tendrás que convertirte en un jarl al que Baldr no pueda envidiar nada. Sé que deseas demostrar al mundo lo fuerte y valiente que eres. Pero no olvides, la fuerza y la valentía no lo son todo. Si quieres ser un buen líder tendrás que aprender otras habilidades.

– ¿Cómo? Madre… ¿y mi hermano mayor…?

Me separé abruptamente y la miré confuso. Entonces recordé la tristeza que vi en sus ojos antes de empezar el relato. Esa tristeza parecía ser mayor que antes, sin embargo ella sonrió y acarició mi mejilla. No sé cuánto rato había pasado, pero de repente reparé en que el sonido de la tormenta había cesado y que se escuchaba el ruido de los hombres que habían vuelto al poblado. Me levanté de un salto y salí corriendo hacia la puerta. Tal vez, de haber permanecido al lado de madre me habría percatado del dolor intenso que sentía. Pues ella ya sabía lo que había pasado. Se lo habían dicho los dioses.

Abrí la puerta y salí corriendo con una gran sonrisa, saltando entre las pilas de nieve acumuladas por la tormenta. Deseoso por reunirme con los guerreros.

– ¡Padre! ¡Hermano! ¡Padre!

Mis brincos fueron perdiendo intensidad y la sonrisa se desdibujó de mi rostro instantáneamente cuando llegué junto a ellos. Padre se arrodilló frente a mí, puso una mano en mi hombro y me dio un pequeño apretón. Juraría que su rostro reflejaba una tristeza contenida. La tristeza de un guerrero que ha visto morir a demasiada gente como para entender que la vida es efímera y la muerte un paso más. Que no tenemos ningún control sobre el destino, que los dioses juegan con nosotros. Que el destino es inescrutable. La tristeza contenida de un guerrero que confía en que se reunirá en el Valhalla con sus seres amados.

– Einarr, a partir de mañana comenzaremos un entrenamiento más duro. Te llevaré de hoy en adelante conmigo a toda batalla y cacería que se presente. Vivirás tu primer muro de escudos, te enfrentarás a osos y a señores de la guerra. Lucharemos hacha con hacha hasta que muramos, y entonces seguiremos luchando cuando nos reencontremos en el Valhalla, dónde tu hermano nos espera. Toma, a partir de ahora esto es tuyo, a tu hermano le hubiese gustado que lo tuvieras.

Me colocó en el cuello un amuleto ensangrentado, se levantó y dio otro apretón sobre mi hombro mientras otros guerreros pasaban por nuestro lado con la madera que transportaba el cadáver de mi hermano mayor.

 

El tapiz de Skuld

Relato inventado y mito de Baldr

El mito de la creación egipcio

El mito

Sólo existía Nun, el océano. Ni tierra, ni plantas, ni seres habitaban el planeta. Todo era agua y oscuridad. Entonces surgió el primer montículo, y gracias al soporte terrestre nació Ra, el primer dios, y comenzó la vida.

Ra creó el sol, que se levantó lentamente por el horizonte hasta iluminarlo todo. Acto seguido el gran dios nombró a Shu, y el viento comenzó a soplar. Luego mencionó el nombre de Tefnut, y comenzó a llover. El viento y la lluvia habían sido creados. Shu y Tefnut tuvieron hijos, Geb, la tierra (masculino), y por encima de él Nut, el cielo (femenino). Geb y Nut se casaron y de su unión nacieron todas las estrellas.

Geb y Nut dibujados en papiro.

Shu y Tefnunt, descontentos con la relación de sus hijos, pidieron a Ra que los vigilase. Así que Ra mandó uno de sus ojos a vigilar a Geb y Nut, y cuando el ojo regresó, un nuevo ojo ocupaba su lugar. El Ojo de Ra, entristecido y lleno de pena comenzó a llorar. Así, de las lágrimas del Ojo de Ra, apareció la humanidad.

Geb y Nut, negándose a romper su unión, siguieron copulando y así nacieron Osiris, Isis, Seth, Horus (Mejentienirti) y Neftis. Y de ellos siguió apareciendo todo tipo de vida.

Ra, bajo su aspecto humano, gobernó Egipto con justicia y bondad durante miles de años, logrando la felicidad de sus súbditos. Pero el paso de los años comenzó a pesar sobre el cuerpo humano de Ra y sus súbditos comenzaron a perderle el respeto a su envejecido y debilitado rey.

Jeroglífico de la diosa Sekhmet.

A lo largo del reino se alzaron las revueltas y Ra, enfurecido, mandó a su hija Sekhmet, nacida de su Ojo, para castigarlos. La furia de la peligrosa leona se sembró a su paso, desolando con violencia y crueldad todo lo que se encontraba, llenando Egipto de plagas y pestes. Ra, apiadado de los humanos al darse cuenta de la fuerza destructora de su hija, decidió transformarla en Hathor/Bastet, diosa de la dulzura y el amor, de la medicina y la sanación.

Pero Ra seguía siendo senil, y un dios más joven tenía que ocupar su lugar. Isis, hábilmente elaboró un plan. De la baba de su abuelo Ra creó una serpiente que mordió a Ra, envenenándolo. Lleno de dolor por el veneno, Ra llamó a Isis, su sanadora, en busca de ayuda. Y ella aceptó curarlo sólo si le descubría su verdadera deidad: “Si conozco tu nombre secreto, podré curarte”.

Pues quién conociera el verdadero nombre de Ra, podría convertirse en faraón de Egipto. Y Ra le respondió que sólo se lo diría bajo la promesa que ella únicamente daría esa información a su futuro hijo, al que debía llamar Horus, y éste a su hijo, y luego a su hijo, generación tras generación.

De este modo Ra se curó e Isis obtuvo sus poderes. Ya curado y mayor, Ra se volvió al cielo, donde vigila el mundo transportando en su barca sagrada el Sol hasta que por la noche Nut se lo traga, siguiendo el viaje por el infierno hasta el nuevo amanecer. Porque Ra es el Sol, y aparece con el alba y desaparece con la oscuridad.

Jeroglífico de Ra viajando en su barca.

Y así Isis convirtió a su hijo Horus en el nuevo señor de Egipto, quién todo lo gobierna y todo lo ve.

Reflexión

Dos cosas a decir.

Siempre me ha parecido curioso que los egipcios diesen tanta importáncia al poder de los nombres. Ellos creían que si conocías el nombre real de los dioses, no podían hacer nada contra ti. Por eso en el libro de los muertos siempre se daba a conocer los nombres de cada dios y monstruo. Se ve claramente en este mito, cuando Isis le pide a Ra su verdadera identidad, lo importante que era para ellos. ¿Por qué motivo sería?

Y, no es el primer mito en el que se menciona que al principio sólo existía el agua. Tal vez sea porque estoy leyendo ahora mismo la novela de El informe Phaeton: El diario secreto de Noe y estoy dando muchas vueltas a los mensajes de las leyendas del pasado, pero no deja de llamar mi atención que tantas culturas antiguas apunten al echo de que al principio sólo existía un planeta de agua, y que más tarde aparecieron los continentes. ¿Cómo podían conocer ellos tanto sobre geografía como para saber que los continentes terrestres se formaron tras siglos de ser la Tierra un planeta de únicamente agua?

 

Bibliografía

[1] Hart, G., (2003). Mitos egipcios. Akal, Madrid.

[2] https://papirosperdidos.com

[3] https://sobreleyendas.com

El mito de la creación Celta

Los celtas no ofrecen una única versión de la creación del universo. Al igual que las culturas nórdicas, la suya era una tradición más oral que escrita. Sumando esto a que la cultura celta se estableció en un marco geográfico muy grande, con diferentes idiomas e influencias, nos ha llevado a que existan diferentes historias en lugar de un único relato.

Así que hoy voy a explicar uno de los mitos de la creación. Posiblemente este mito pertenece a las comunidades celtas que se establecieron en Irlanda.

La yegua blanca

Al principio no había ni dioses ni humanos habitando la tierra. Tampoco existía el tiempo. Tan sólo existía la tierra y el mar. Entonces Eiocha, la yegua blanca, nació de la espuma blanca que el mar hacía al tocar la tierra. Cerca de ella creció un roble fuerte, del cual brotaban bayas blancas, las lágrimas del mar. Eiocha, que se alimentaba de estas bayas, creció fuerte y dio a luz al primer dios: Cernunnos. Durante el parto, Eiocha sufría tales dolores que rompió algunas piezas de corteza del roble y las tiró al mar. Fue entonces cuando los gigantes de las profundidades aparecieron por primera vez.

Relieve de Cernunnos rodeado de animales.

Cernunnos, solitario, tuvo hijos con su propia madre, y así fue como nacieron Maponus, Tauranus, Teutates y la diosa Epona*. Tras dar a luz a sus nuevos 4 hijos, Eiocha regresó al mar y así se convirtió en Tethra, la diosa de las profundidades.

 

El trabajo de los dioses

Entonces sólo habitaban la tierra algunos dioses y el roble. Los dioses se sentían solitarios y tristes de que nadie los adorase, así pues decidieron crear la vida, y de la madera del roble diseñaron al primer hombre y a la primera mujer. Uno a uno empezaron a crear sus propios diseños. Cernunnos pidió al roble que crease bosques, y los pobló con diferentes animales: ciervos, osos, serpientes, perros, cuervos y liebres. Por otro lado, Epona creó una yegua y un semental; Tetuates creó flechas, arcos y un garrote; Tauranus dio lugar a los rayos y al fuego; y Maponus creó una exquisita arpa que tocaba con tal maestría que el viento y todos los animales se reunían a su alrededor para escucharlo.

Figurilla de la diosa Danu, diosa madre de los Tuatha de Dannan.

Pero mientras los dioses vivían felizmente y con comodidad los gigantes de las profundidades marinas, llenos de envidia, decidieron girar la tierra. Eiocha avisó a sus hijos, y gracias a ello los dioses devolvieron los gigantes al fondo del mar, donde fueron obligados a vivir eternamente. Sin embargo algunos gigantes escaparon. Dirigidos por Fomhoire, se escondieron al perímetro exterior de la tierra jurando venganza.

Otros dioses aparecieron cuando el cielo y el mar se entremezclaron durante el tumulto. Belenus y Danu, su hermana, nacieron del primer fuego. Lir, que de las aguas ya más calmadas creó al poderoso Manannan, al sabio Bran y a Branwen la más hermosa de las diosas. Y entonces Danu, la diosa madre, dió a luz a los dioses más importantes, a los dioses de Tuatha de Dannan: Dagda, Nuada de la tierra plateada, Diancecht el sabio, Goihbhio el herrero, Morrigan la aterradora y la gentil Brigit.

Y de ellos nacieron muchos otros dioses, héroes y reyes. Así fue como empezaron todas las batallas, todos los romances y todas las guerras que inundarían la vida de los dioses, de los druidas y de los reyes.

 

*A pesar de que Epona es una diosa celta, la diosa de los caballos, gustó tanto a los soldados romanos que fue incorporada al panteón de dioses romanos. Por eso es posible encontrar su nombre en la mitología romana también.

 

Bibliografía

Hourly History (2016). Celtic Mythology: A Concise Guide to the Gods, Sagas and Beliefs.

http://www.irishtribes.com/articles/2012-11-lost-celtic-creation-myth-in-english.html

El mito de la creación coreano

A diferencia del mito de la creación Maori, el mito coreano no se centra tanto en la creación del planeta, sino en la aparición del humano. Así pues, el mito de la creación coreano, también conocido como el mito de Tangun es una narración que tiene lugar en un universo y un planeta ya creados pero en el que sólo habitaban dioses y espíritus.

El mito

Todo empezó un día cuando Hwanung, Príncipe del Cielo, miró abajo hacia la Tierra. Al verla deseó ser el señor de esas tierras y dirigir a su futura humanidad. Su padre, Hwanin, el Señor del Cielo, conocedor de los deseos de su hijo y sabiendo que su hijo haría a la humanidad feliz, escogió el Monte Taebaek como el lugar adecuado para que su hijo descendiera.

Así pues Hwanung bajo al Monte Taebaek y debajo de un árbol de sándalo creó la ciudad sagrada qué habitaría. Consigo se llevó tres sellos sagrados y 3000 servidores (espíritus). Además también lo acompañaron hacia la Tierra tres ministros: el Señor del Viento, el Maestro de la Lluvia y el Maestro de las Nubes.

Un buen día, paseando por la montaña, un tigre y un oso que habían escuchado sobre los poderes del príncipe, se acercaron a Hwanung con la misma petición.

– Príncipe celestial, deseo convertirme en un ser humano. Dime qué tengo que hacer, y así lo haré.

Hwanung, tras meditarlo, les propuso un trato.

– Tengo un reto para vosotros. Tendréis que vivir durante 100 días en una cueva, sin ver la luz del sol, y todo lo que tendréis para comer son 20 dientes de ajo y un poco de altamisa. Ahora entrad en la cueva y superad el reto.

El oso y el tigre entraron con su comida en la cueva, pero el tigre, impaciente y nervioso, fue incapaz de aguantar más que unos días y huyó de nuevo hacia el bosque. Por contra, el oso, paciente, se dedicó a dormir  durante 100 días. Superado el último día de la prueba el oso se convirtió en una hermosa mujer, Ungyo, pero pronto se sintió sola y triste por lo que empezó a rezar a Hwanung para que le diese un hijo. El dios, escuchando sus ofrecimientos, tomó a Ungyo por esposa y la dejó embarazada.

De su matrimonio nació Tangun, Rey del Sándalo, el primer Rey de Gojoseon. Tangun reinó en paz y justícia durante 1500 años, hasta que decidió volver al Monte Taebaek y convertirse en un dios de la montaña.

Si alguno ha viajado a Corea y aún no conocía este mito, ahora tal vez entenderá varias cosas que puede haber visto durante el viaje, como una enorme variedad de souvenirs en forma de osos vestidos con hanbok, el vestido tradicional coreano. Pues, según el mito de Tangun, los coreanos vienen del oso.

Lo que me parece curioso del mito es que, a pesar de ser Tangun el personaje más conocido y poderoso, el primer ser humano que apareció fue Ungyo, una mujer. Algo parecido pasa en el mito de la creación del ser humano de los Maori (ya lo contaré dentro de poco), pues según los Maori la mujer humana fue la primera en ser creada. Sé suficiente de Corea y su historia para decir que Corea había sido, hace muchos muchos siglos, un reino fuertemente influenciado por el shamanismo y, tal vez, una sociedad matriarcal antes de la Era de los Tres Reinos. Se han encontrado tumbas anteriores a esa época en las que las mujeres eran enterradas con más riquezas y ostentación que los hombres.

Ambos casos, tanto el mito maori como el mito coreano, me parecen curiosos. Son muy pocos los mitos de la creación en los que la mujer apareció primera/fue creada antes que el hombre. Y a su vez me hace pensar sobre la relación entre el matriarcado y las sociedades shamánicas. ¿Alguien más le ve relación a esos dos conceptos?

La realidad

A fecha de hoy no está claro si Tangun es simplemente un nombre de leyenda o si responde a algún rey que existió ya hace milenios en la península. Documentos parecen apoyar la idea de que un Rey llamado Tangun reinó en la península sobre el 2333 AC. Aunque no está clara su veracidad, los Anales de la Dinastía Joseon y los documentos del Dongguk Tongram y del Samguk Yusa, parecen apoyar la idea de que el soberano Tangun reinó a la vez que el Emperador chino Yao, pero entre los 3 documentos hay cierto desliz de fechas impidiendo determinar claramente el inicio y el fin del mandato de Tangun.

Un hecho curioso es que Kim Il-sung, primer líder de la República Popular Democrática de Corea del Norte, siempre estuvo convencido de la existencia de Tangun y se propuso encontrar su tumba. Dijo encontrarla en el Monte Taebaek de Kangdong (no confundir con el Monte Taebaek de Corea del Sur), zona cercana a Pyeongyang, y allí levantó el Mausuleo de Tangun que se puede visitar si se viaja a Corea del Norte. Al día de hoy el sitio sigue siendo un tema de controversia entre historiadores y arqueólogos de las dos Corea y de China.

El mito de la creación Maori

Quiero publicar un seguido de entradas sobre los diferentes mitos de la creación del mundo. Y en lugar de empezar por los típicos que todos conocemos, he optado por explicar la creación del mundo según los Maori, antiguos habitantes de Nueva Zelanda. Al igual que nos pasa con tantas otras culturas antiguas, la tradición Maori era más oral que escrita, así pues tenemos diferentes versiones de los mitos. Además, como todo mito de la creación es rocambolesco, y de ante mano os digo que tiene enormes similitudes con los mitos de la creación de Babilonia y Grecia, pero espero que lo disfrutéis.

La creación del cielo, la tierra y los dioses

Al principio únicamente existía la oscuridad. No había nada en el universo. Fue la época conocida como Te Kore. En medio de la oscuridad aparecieron dos dioses: Rangi-nui, dios del cielo*, y Papa-tua-nuku, diosa de la tierra. Ambos enamorados se abrazaron fuerte y empezaron a vivir como un matrimonio. Rangi-nui quiso tapar la desnudez de su esposa, así que sembró semillas de plantas y árboles para tapar el cuerpo de Papa y darle calor. Luego creó insectos, cangrejos, mejillones y demás criaturas para adornar el cuerpo de la madre tierra.

Rangi y Papa abrazados, tallados en madera.

Finalmente Rangi-nui y Papa tuvieron sus propios hijos. En total dieron luz a seis (algunas versiones dicen que tuvieron hasta 70): Tawhiri, dios del clima; Rongo, dios de las cosechas; Tu, dios de la guerra y la humanidad; Tangaroa, dios del mar; Tane, dios de los bosques; y Haumia, dios de las plantas y la comida salvaje. Pero los dioses no tenían espacio suficiente para crecer entre sus padres y vivían en la completa oscuridad. Se arrastraban, estaban estirados, de lado, de rodillas, todo entre el abrazo de Rangi-nui y Papa.

Unión y Separación

Tras 7 po (eras o espacios de tiempo) los hijos estaban cansados de la oscuridad y de no tener espacio. Así pues los hermanos empezaron a discutir sobre qué hacer. El hermano más valiente y feroz, Tu (Tumatauenga), propuso matar a sus padres. Pero Tane (Tane-mahuta) se negó y propuso separar a sus padres: dejar a su padre como un extraño colgando encima de ellos y a Papa debajo de ellos para nutrirlos y protegerlos. La mayoría estaban de acuerdo con Tane así que empezaron con sus intentos de separar a sus padres. Rongo, Tangaroa y Haumia-tiketike fueron los primeros en probarlo, pero fallaron. Fue el mismo Tane quien lo consiguió. En lugar de empujar con los brazos como sus hermanos, se tumbó de espaldas y empujó con sus fuertes piernas a su padre hasta conseguir separarlos en medio de gritos y llantos. Y así fue como los hermanos vieron la luz por primera vez.

Una vez separados Tane decidió buscar cuerpos celestiales para vestir a su padre, ofreciéndole así las estrellas, la luna y el sol. Al día de hoy Rangi-nui y Papa siguen echándose tanto de menos que las lágrimas de Rangi-nui caen en forma de lluvia sobre la tierra y de vez en cuando Rangi deja caer las piezas de su vestido sobre Papa en señal de su amor. Por otro lado, el calor corporal de Papa se eleva en forma de niebla hacia el cielo, y los terremotos son intentos fallidos de Papa de elevarse hasta su marido.

Sello de Nueva Zelanda que muestra a Tane separando a sus padres.

La guerra en el cielo y la tierra

La primera discusión llenó a los hermanos de deseos relacionados con el poder, el control, los celos y el odio. A pesar de que la mayoría de hermanos habían aceptado separar a sus padres, Tawhiri (Tawhiri-matea) entró en cólera al ver el sufrimiento de sus padres. Sin ser capaz de aguantar el llanto de su padre  ni tanto dolor se elevó al cielo, junto a Rangi, y juró a sus hermanos que tendrían que soportar su ira permanentemente. Tawhiri, junto a sus hijos, los 4 vientos y todas las clases de nubes, atacó a sus hermanos con tormentas, huracanes, tifones, lluvias y nieblas.

Primero atacó a Tane, y sus árboles fueron tumbados y destrozados, convirtiéndose en comida para insectos.

Seguidamente atacó a Tangaroa, causando remolinos y olas gigantes que volvían inestable al mar. Tangaroa, asustado, huyó. El hijo de Tangaroa, Punga, tenía dos hijos: Ikatere, padre de los peces, y Tu-te-wehiwehi, ancestro de los reptiles. Atemorizados por Tawhiri, los hijos de Ikatere se escondieron en lo más profundo del mar y los hijos de Tu-te-wehiwehi se escondieron en los bosques con Tane. Desde entonces Tangaroa está furioso con Tane por dar refugio a sus nietos tras la huida. Tal fue el enfado entre los dos hermanos que Tane ofrece a los descendientes de Tu canoas, anzuelos y redes para cazar a los descendientes de Tangaroa, y Tangaroa como venganza ataca las costas e inunda ríos para llevarse canoas, casas y árboles de Tane.

Los siguientes en recibir la ira de Tawhiri fueron Rongo y Haumia. Ambos estaban aterrorizados al ver el daño que ya había causado a sus otros hermanos, pero Papa decidió esconderlos dentro de ella para así salvarlos para que sus otros hijos puedan alimentarse. Tawhiri, que no pudo encontrarlos, dirigió su ira hacia el último hermano, Tu. Atacó con toda su fuerza, pero Tu, más fuerte y valiente, no pudo ser vencido por las tormentas y resistió. Fue así como Tu consiguió aplacar el ánimo de Tawhiri y recobrar la paz en el universo.

Tu, pensando en la responsabilidad que tenía Tane por la separación de sus padres, decidió crear trampas para cazar a los pájaros, los hijos de Tane, para que ya no volasen más libremente por el cielo. Luego hizo redes y las usó para capturar a los hijos de Tangaroa. Seguidamente creó la azada para hacer agujeros en el suelo y buscar a Rongo y Haumia, que localizó por sus largos cabellos que salían del suelo. Los sacó de su escondite y los puso en cestos para ser ingeridos. Así fue como Tu se comió a sus hermanos y a los hijos de sus hermanos, castigándolos por su cobardía de no haber aceptado matar a sus padres. Al único hermano al que Tu no pudo subyugar fue a Tawhiri, que al día de hoy sigue atacando a la humanidad con huracanes y tormentas.

 

Y hasta aquí el mito de la creación Maori. Una manera muy interesante de explicar el funcionamiento del mundo que nos rodea.

Si conocéis el mito de la creación griego y el babilónico en seguida os daréis cuenta de las similitudes. Y esto me lleva a la siguiente reflexión: ¿cómo es posible que una civilización tan aislada como la Maori tuviera un mito tan parecido a los que se explicaban en la zona del mediterráneo?

Aunque sólo es una hipótesis, siempre me han parecido interesantes las teorías de una civilización común, mucho más antigua, de la que bebieron todas las que conocemos ahora, o la teoría de que en el pasado ya hubo una “globalización” que puso en contacto todas estas culturas.

En fin, ¿qué os ha parecido la historia de Rangi-nui, Papa y sus hijos?

 

* Los Maori creían que había 12 capas de los cielos en verdad. Cada capa tiene un nombre diferente, y Rangi-nui era la capa más cercana a nosotros, a la tierra.

 

Bibliografía

http://www.ancient-origins.net/human-origins-folklore/creation-myth-maori-new-zealand-00305

http://www.crystalinks.com/maoricreation.html

https://teara.govt.nz/en/maori-creation-traditions

http://traditionscustoms.com/folk-beliefs/rangi-and-papa

http://nzetc.victoria.ac.nz/tm/scholarly/tei-Pom01Lege-t1-body-d1.html

Sol y Mani

Antes de empezar con la entrada de hoy necesito hacer una pequeña anotación. Los que conocen mitología nórdica ya lo sabrán, pero para los que desconozcan su cultura es importante saber que de los mitos nórdicos tenemos muy poco escrito, pues la suya era una tradición oral, y eso lleva a veces a que algunas historias/personajes se mezclan, confundan o tengan más de una versión. La mayoría de sus leyendas e historias fueron recopiladas en las dos Eddas, pero existen otros pergaminos con menciones a todas las divnidades, monstruos, seres y leyendas nórdicas.

Sol y Mani

Sol y Mani son de las primeras las divinidades nórdicas que aparecieron en el cosmos. Representan al sol y la luna respectivamente. Aunque en este caso el sol es “ella” y la luna es “él”. Y esta es su historia.

Son hijos de Mundilfäri, de quien poco sabemos. Algunos escritos dicen que era un gigante, otros que era un humano. Algunos textos hablan de una tercera hermana, Sinthgunt, la diosa del paso del tiempo. Pero las menciones a ella son muy pocas.

Mundilfäri es el padre de Mani, y también de Sol; ellos deben viajar a través del cielo cada día como una tarja para los hombres.

Vafthrúdnismál – Edda mayor

 

El mito

Por el sur el sol, de la luna pareja,

su diestra asomó, por el borde del cielo

no sabía el sol qué morada tenía,

no sabían las estrellas qué puestos tenían,

no sabía la luna qué poder tenía.

Völuspá – Edda mayor

Cuando Sol y Mani aparecieron al inicio de los tiempos no sabían cuál era su función en el universo ni qué poderes tenían. Así que, juntos, con el fin de buscar su lugar en el cosmos, los hermanos decidieron cómo serían las diferentes partes del día, del año y de los ciclos lunares. Ambos viajan por el cielo con sus carruajes tirados por caballos, llevando consigo al sol y a la luna.

En la Edda prosaica (o Edda menor), Snorri explica que el sol (el astro), junto a las estrellas y la luna, fueron originados como chispas en Muspelheim (la tierra del fuego), y a través de carruajes sin jinete se alzaron al cielo. Cuando Mundilfäri decidió nombrar a sus hijos Sol y Mani, los dioses se molestaron por la arrogancia del padre, y decidieron castigarlo obligando a sus hijos a ser los jinetes de los dos carruajes. En otros textos se menciona que, según la creencia nórdica, el sol no daba luz, que en cambio la luz emanaba de Alsvidr y Árvak (mencionados abajo).

Sol y Mani, perseguidos por Skoll y Hati. Pintura de J.C. Dollman.

Desconocemos los nombres de los caballos de Mani, pero los caballos de Sol se llamaban Árvakr (“Madrugador”) y Alsvidr (“Rápido”). Ambos hermanos conducen sus carruajes mientras huyen de los lobos Skoll (que sigue a Sol) y Hati (que sigue a Mani). La suya es una persecución que acabará con la llegada del caos y del fin de los días, con el Ragnarok. Será entonces cuando los lobos engulliran al sol, dejando todo el mundo sumido en la oscuridad. De Skoll, Hati y su relación con Sol, Mani y su influencia el Ragnarok hablaré otro día, pues el tema da para una entrada independiente.

Según uno de los poemas de la Edda poética (o Edda mayor), un personaje llamado Svalinn cavalga junto a Sol, sujetando un escudo entre ella y la Tierra, para evitar que los mares y la tierra sean consumidos por las llamas. En la Edda prosaica también se nos explica que Sol se casó con Glenr, de quien también sabemos poco. Y entrando de nuevo con las discrepancias, el nombre de Sunna se añade a la lista. Algunos textos hablan de ella como la hija de Sol y Glenr, mientras que otros consideran que Sunna y Sol eran la misma divnidad. Concretamente Sunna y Sol son mencionadas como la misma persona en los Encanterios de Merseburg (tradición germana). En ellos se habla de Sunna como la hermana de Sinthgunt

Svalin se llama, se hiergue ante el sol, el escudo, claro sacerdote, montañas y mares sé que arderán si cae desde allí.

Grímnismál – Edda mayor

La idea del sol y la luna como dioses que surcan el cielo con sus carruajes es una imagen muy antigua en la cultura nórdica y germana. Ya desde la edad de Bronce se esculpían artefactos con sus imágenes en Escandinavia y Dinamarca, un ejemplo es la escultura nombrada “The Trundholm” (foto abajo) encontrada en Dinamarca. Gracias a esos artefactos de la edad de Bronce podemos decir con seguridad que la concepción de Sol y Mani forma parte de una cultura pre-cristiana, especialmente Sol ya que su presencia es mayor a la de Mani. En verdad algunos estudiosos hablan de Sol como una posible evolución de alguna deidad protoindoeuropea que habría sido muy venerada en sus inicios.

Sin embargo con el desarrollo de la mitología nórdica Sol y Mani perdieron cierta importancia a favor de los dioses más canónicos del panteón nórdico.

The Trundholm sun chariot from Bronze Age Denmark.

 

Bibligorafía

[1] McCoy, Daniel (2016). The Viking Spirit: An Introduction to Norse Mythology and Religion. CreateSpace Independent Publishing Platform.

[2] Simek, Rudolf (2007) translated by Angela Hall. Dictionary of Northern Mythology. D.S. Brewer.

[3] Snorri Sturluson. Edda poética. Gylfaginning, capítulo 10.

[4] Snorri Sturluson. Edda poética. Gríminsmál, estrofas 37-39.

[5] Snorri Sturluson. Edda poética. Vafþrúðnismál, estrofa 23.

[6] Snorri Sturluson. Edda poética. Völuspá, estrofas 5-6.