Hipatia de Alejandría

Segunda Década del mes de Gamelión

Mientras escribo estas memorias pienso en lo rápido que creces. Hace apenas unos años te sujetaba en brazos y ahora ya dominas álgebra, astronomía y geometría como si llevaras mil años dedicándote a ello. Inventas, haces filosofía y te mueves entre números con comodidad y energía. Hierocles y yo te hemos transmitido todo nuestro conocimiento, y tu lo has superado con creces. Incluso has inventado el densímetro, posicionándote como pionera en las ciencias.

Siento orgullo de que seas mi hija. Pero a la vez me inquieta. ¿Estaré haciendo lo correcto? Eres la primera mujer que veo al mando de una escuela, enseñando a altos cargos aristócratas. Si bien soñaba en que fueras así de fuerte y perspicaz, temo por tu seguridad. Muchos en nuestros tiempos no entienden que una mujer ostente tu poder y posición. Todo lo que puedo hacer es rezar a los dioses por ti y protegerte mientras siga en vida.

No importa cuan lejos llegues, a cuántos políticos enseñes ni cuántos descubrimientos hagas, para mí sigues siendo mi pequeña Hipatia.

Teón de Alejandría

 

Primera década del mes de Muniquión

En un día como hoy he tenido el honor de conocer a la Maestra Alejandrina. ¿Qué puedo decir? Es de naturaleza más noble que su padre, Teón, y no se conforma con saber que viene de las ciencias matemáticas, sino que se dedica a las otras ciencias filosóficas con mucha entrega. Es justa y sabia, y sin duda se le debe otorgar el grado más alto en la virtud práctica del arte de enseñar. La he visto con sus discípulos, y es maravillosa.

Hipatia me ha confesado una anécdota con uno de sus discípulos fascinante. Cuando él le declaró su amor, ella le arrojó un paño manchado de sangre menstrual, espetándole: “De esto estás enamorado, y no tiene nada hermoso”. Siento deseos de inmortalizar a la Maestra Alejandrina y sus virtudes, conocimientos y anécdotas.

Es una pena que no haya más mujeres en frente de escuelas, pero tal vez ella será la primera de muchas otras que se atreverán a entrar en el jardín del conocimiento y lo desconocido.

Damascio, Academia de Atenas

 

Noumênía, mes de Elafebolión

Han pasado varios días y sigo llorando la muerte de mi maestra, Hipatia. Cirilo pagará por ello, juro que será así. Dios, el Dios cristiano que Cirilo tanto dice adorar, si de verdad existes deberás castigarlo por sus actos. No les bastó con acabar con la vida de la mujer con la mente más maravillosa de todos los tiempos, humillaron su cadáver, la arrastraron por Alejandría y expusieron su cuerpo desnudo como un perro.

Todo lo que puedo hacer ahora es pedir a Constantinopla que intervenga. La iglesia cristiana de Alejandría no mengua su violencia, sus actos atroces contra el saber y el conocimiento. Nos llaman paganos y nos acusan de actos jamás cometidos.

Hipatia, si algo puedo prometer a tu alma mientras escribo estas páginas es que no permitiré que tu escuela desaparezca. Necesitamos que tus discípulos, mis compañeros más preparados sigan enseñando álgebra, filosofía, geometría, astronomía… No vamos a escondernos de la iglesia. Que la Escuela Neoplatónica de Alejandría siga funcionando es el mayor homenaje que puedo hacerte. Tus obras no van a desaparecer, con mis contactos voy a asegurarme que tu conocimiento llegue a generaciones futuras y todos sepan quién fue la gran, virtuosa y noble Maestra de Alejandría.

Hipatia de Alejandría, mi admirada maestra, espero que tu alma encuentre la paz.

Orestes, Perfecto de Egipto

 

Había una mujer en Alejandría que se llamaba Hipatia, hija del filósofo Teón, que logró tales conocimientos en literatura y ciencia, que sobrepasó en mucho a todos los filósofos de su propio tiempo. Habiendo sucedido a la escuela de Platón y Plotino, explicaba los principios de la filosofía a sus oyentes, muchos de los cuales venían de lejos para recibir su instrucción.

El tapiz de Skuld