Prometeo, el ladrón del fuego

“¿Cómo te atreves?”, el grito de Zeus retumbó por todo el Olimpo. Todos los dioses se miraron en silencio, cohibidos ante la furia del dios de los dioses. No se podía sentir ni siquiera la respiración de nadie, hasta que la risa de Prometeo interrumpió el silencio. Una risa acompañada de una sonrisa victoriosa, un gesto ofensivo para Zeus que respondió golpeando con fuerza el reposabrazos de su trono.

-¡Vas a ser castigado por esto! No te bastó con una vez, ¡me insultaste una segunda! ¿¡Qué hacéis todos mirando sin más!? ¡Llevadlo al confín del mundo, encadenadlo, obligadlo a sostener el cielo y que cada día un águila se coma sus entrañas!

Todos los dioses se miraron, cohibidos y asustados. ¿Tan grande castigo merecía Prometeo? ¿Pero cómo llevar la contraria a Zeus? Fue al final Hermes quién carraspeó suavemente y mirando al suelo preguntó.

-Señor… ¿No deberíamos antes permitir a Prometeo una justificación…?- Hermes pudo sentir como Zeus lo apuñalaba con la mirada, y de mala gana este accedió a que Prometeo se explicara.

-No hay mucho que explicar…- Una pequeña risa de sorna se escapó de Prometeo- ¿Qué vais a entender vosotros? Dioses del Olimpo, vivís una vida perfecta, con vuestra ambrosía de la inmortalidad, ajenos al dolor de los humanos que vosotros mismos habéis creado. Ellos están ahí abajo, sufriendo el calor, el frío, el viento, la falta de lluvia o el exceso de ella. Trabajan de sol a sol, enferman, envejecen y mueren. Con fortuna conocerán el amor y tendrán alimento para sus hijos durante unos años. Todo esto sin parar de adoraros, de suplicaros que los ayudéis. ¿Y qué hacéis vosotros? Les exigís las mejores ofrendas. ¡Ellos son los que crían a los bueyes! – Prometeo sintió de repente una ira impotente que crecía ante las injusticias cometidas por los dioses.- ¡Tienen derecho a alimentarse de esa carne! A vosotros no os hace servicio alguno, ellos mueren sin alimentarse. Pero luego vas tú, Zeus, el gran dios, y les robas el fuego. Sin el calor del fuego ellos enferman, mueren, no pueden cocinar ni siquiera crear sus armas para defenderse. Vosotros jamás moriréis pero ellos sólo viven una vez. ¡Una vez! ¿Y qué tipo de vida les ofrecéis? Unos pocos que lo tienen todo, muchos que no poseen nada… y tantos otros que ni siquiera son considerados seres vivos, son esclavos, simples herramientas. Ellos ven guerras, plagas, el caos del que vosotros os librasteis para ellos sigue siendo real. ¿Acaso no tienen derecho a ser felices? ¿A una vida digna? Si únicamente viven una vez, permitidles que vivan con honor, que tengan al menos la posibilidad de hacer que su vida sea buena. Que puedan amar y vivir sin miedo al mañana, a lo que les faltará. Que el calor del fuego los caliente, los una en grupos para contar historias, los proteja y conmueva. Ya tienen suficientes miserias para que les añadáis más. Ya viven con suficientes preocupaciones… ¿podré conseguir alimento para mi familia? ¿volverán mis hijos de la guerra? ¿morirá mi mujer en el parto? ¿me casarán con alguien a quién yo quiera y me quiera? ¿podré pagar a mi señor? -Prometeo negó ligeramente con la cabeza, consciente que Zeus jamás entendería esto.- Merecen una vida que les llene y de la que no sientan arrepentimiento o remordimientos al morir. Por eso los ayudé a obtener la carne de los bueyes, por eso les devolví el fuego. Pero, ¿qué vas a entender tú?

-Sacadlo de mi vista.- Zeus miraba a Prometeo con ira, jamás se había sentido tan insultado ni humillado. Y nada de lo que dijera lo libraría de su castigo eterno. Mientras se llevaban a Prometeo encadenado, el resto de los dioses se miraron de reojo, con las cabezas gachas. Fue Hermes, quién, de nuevo, se acercó a Zeus para murmurar con un hilo de voz.

-Señor… ¿sabéis que los humanos lo van a adorar…? A ojos de los humanos Prometeo va a ser el bueno… y… nosotros… -No pudo acabar la frase, pues el grito de rabia de Zeus lo hizo salir corriendo de su lado. Prometeo se había salido con la suya, pero sufriría toda la eternidad por ello.

Por eso tenemos que vivir, dándolo todo, una sola vez. Dar sentido a nuestra existencia, hacer que este viaje sea único e inmemorable. Tenemos que soñar, atrevernos a amar con locura, atrevernos a vivir sin miedo. Correr bajo la lluvia, hacer locuras para demostrar nuestro amor, subir al monte más alto y gritar nuestro nombre, saltar a por nuestros sueños, gritar a las estrellas nuestros deseos. Para que Prometeo, desde el confín del mundo, escuche el eco de nuestros gritos de victoria, de risa, de felicidad, nuestros deseos y sepa que lo que hizo, no fue en vano.

La mano de Tyr

Y aquí estoy, con la cabeza gacha, sin osar mirarte a los ojos. Tan sólo hace unos segundos te miré directamente cuando acepté el trato, ahora la vergüenza me inunda. Te va a doler tanto como a mí, mi traición. ¿Algún día entenderás por qué lo he hecho?

Me recorre un pequeño escalofrío a lo largo de la espalda y tenso ligeramente los dedos. Es por culpa de la sensación de tus babas, tu lengua rasposa y el tacto de tus colmillos afilados. Un simple preludio de lo que se acerca, del destino que no podemos evitar. Respiro hondo, con pesadez y dificultad, desearía que las cosas fueran diferentes. El destino es inexorable, las tres nornas se divierten tejiendo con nuestros hilos de la vida. ¿Cuál de ellas tres habrá sido la que opinó que sería divertido crear este enredo?

Se acercan con las cadenas y miro de reojo como te las colocan, son tan finas, tan delgadas… pero son indestructibles. Ni siquiera tú, con tu fuerza sobrehumana serás capaz de romperlas. ¿Lo sabías verdad? ¿Sabías que esto era una trampa, por qué has aceptado? Chasqueo la lengua, molesto, enfadado, indignado, triste, pero sabiendo que estoy cumpliendo mi deber.

Una vez te atan bien las cadenas haces un intento de romperlas, de liberarte, pero en seguida te das cuenta que no puedes, que te han engañado. No, te hemos. Yo también. Yo, yo he formado parte de esto. Mis silencios, ofrecerme como voluntario, me hacen cómplice. Intentas por segunda vez romper las cadenas, incluso una tercera. Con pena y con dolor alzo la cabeza para mirarte. Sin pronunciar sonido muevo los labios y susurro un silencioso “¿por qué lo haces?” ¿Por qué te torturas intentando romperlas si sabes que es imposible? ¿Si sabes que los dioses te hemos engañado? ¿Lo haces por evitar llevar a cabo el trato? ¿Lo haces por pena hacia mí?

Odín, Thor, Frey, Heimdall, Freya… todos empiezan a reírse. Se burlan de ti. Yo no puedo dejar de mirarte. Me avergüenza su comportamiento, lo mínimo que puedo hacer es mirarte a los ojos y dar la cara por nuestros actos. Tu también me estás mirando, e intento buscar el dolor y la rabia en tus ojos. Y creo encontrarlos, pero junto al dolor de la traición y a la rabia del engaño veo algo más, la duda. Hemos hecho un trato Fenrir, tu sabías que eso era una trampa, pediste que alguno de los dioses colocase la mano en tu boca, y que si todo resultaba ser una farsa, arrancarías la mano al voluntario. Y yo acepté. Te traicioné a sabiendas, porqué aunque eres mi amigo, aunque te he cuidado y criado, soy uno de ellos. Así que no dudes, no dudes y arráncame la mano. Tu duda sólo añade más dolor a la situación.

De algún modo veo que buscas la confirmación en mi mirada, así que asiento con la cabeza una sola vez, con firmeza y determinación. Mientras todos siguen riéndose, ajenos a nuestro dolor emocional, ajenos al dolor físico que estoy a punto de recibir. Un pequeño suspiro se te escapa y en menos de un segundo dejo de notar la sensación húmeda de tu lengua, tu respiración y tus colmillos afilados. Sólo siento dolor, sangre brotar. Ha sido rápido, en un segundo has arrancado mi mano, y en ese mismo segundo he visto toda nuestra historia. A Thor y a mi encontrarte a ti y a tus hermanos, llevaros a Asgard, criarte, alimentarte, jugar contigo, verte pasar de cachorro al imponente lobo gigante que eres ahora. Los castigos impuestos a tus hermanos, el temor creciente de Odín hacia tu fuerza.

Noto alguien que me sujeta por los hombros y me separa de ti con rapidez. Me llevo mi única mano a dónde estaría la opuesta. Es raro notar únicamente el vacío y la sangre. Te miro por última vez antes de darte la espalda e irme a buscar a una curandera. Es sorprendente pero el dolor emocional es peor que el físico, te escucho aullar, rabioso, amenazar a Odín con acabar con todos nosotros. Escucho el sonido de las cadenas cuando tiras de ellas, tal vez en un último intento desesperado de soltarlas, y finalmente otro aullido de rabia, uno que juraría que lleva mi nombre y lo esparce por todo el cielo de Asgard… “Tyr!”.

Tu no hiciste nada malo, tu única condena es ser hijo de Loki. Te hemos castigado por miedo, y por ese mismo miedo en el Ragnarok algunos caerán muertos entre tus colmillos. Volveremos a vernos mi amigo canino. No sé si serás capaz de perdonar mi traición, yo no podré.

Pero el destino es inexcrutable.

 

El tapiz de Skuld

Adaptación del mito nórdico de Fenrir y Tyr

Baldr, el dios blanco, príncipe de príncipes

La tormenta de nieve no cesaba. Nuestros padres y hermanos se habían quedado atrapados fuera en ella desde hacía días. ¿Estarían bien padre y hermano mayor?. Esta vez tampoco me dejaron ir. A pesar de mi insistencia para demostrar que ya era un hombre, madre se negó.

– ¡Pero ya puedo cargar con el hacha! ¡Padre díselo! ¡Hemos entrenado muchas horas!

– Déjalo que venga Aðallaug… tiene que empezar a aprender y…

– No. Hoy no. Lo he visto.

Ése fue el fin de la discusión entre padre y madre. Padre es el jarl de nuestro poblado. A pesar de su gran fuerza física y maestría en combate jamás le discute a madre. Eso es porque ella se comunica con los dioses. Madre es una völva. Conoce secretos que los mortales no deberíamos saber, conoce las historias de los dioses… y conoce su destino.

– ¿Einarr? Acércate. Ven junto al fuego, voy a contarte una historia.

De repente la voz de madre me sacó de mis pensamientos. Aunque ella había sido quien había prohibido mi aventura, no podía enfadarme con ella. Tan fuerte, tan dulce, tan bella, tan sabia. Sólo cuando llegué a su lado me di cuenta de que tenía las manos heladas y temblorosas. Las puntas de mis dedos habían cogido un color oscuro. Las soplé, las froté y las acerqué al fuego esperando entrar en calor. Una rama se rompió haciendo saltar varias chispas que se dispersaron en el aire. Madre pasó su capa por encima de mis hombros y me hizo sentar junto ella. No pude evitar sonreír al sentir el calor que emanaba, pero al mirar su rostro noté la tristeza en sus ojos. Una tristeza que me desconcertó.

– ¿Qué historia vas a contarme hoy madre?

– Einarr, tu nombre significa valor. Antes de que nacieras los dioses me prepararon para éste día. Eres el segundo hijo varón de esta familia, como el dios Baldr. Señor de guerreros, príncipe de príncipes. Hoy voy a contarte su historia…

Vi mi propio vaho salir de entre mis labios al ritmo de mi pausada respiración. La historia no había empezado, pero algo me había cautivado. ¿Sería Baldr fuerte? ¿Tanto como Odín? ¿Por qué madre nos relacionaba?.

– Segundo hijo de Odín y Frigg, esposo de Nanna y padre de Foresti. Su casa es Breidablik y no hay salón en todo Asgard que rivalice con su belleza. Nadie puede hablar mal de él, el más sabio de los Aesir, el más justo. Tanto es su esplendor que luz blanca emana de él. Pero no todo en su vida es perfecto. Será uno de los primeros en morir, su muerte será uno de los desencadenantes del Ragnarök. Su madre, Frigg, conociendo el fatal destino de su hijo hizo jurar a todos los objetos de la tierra que creía peligrosos que jamás harían daño a Baldr. Pero cometió un error… infravaloró el muérdago. Lo juzgó inofensivo y demasiado joven y no lo sometió a ningún juramento.

Fruncí el ceño. ¿El muérdago? ¿El primer dios en morir? ¿Por qué madre quería con mi nombre honorar a un dios así? Abrí la boca dispuesto a replicar, pero ella negó con la cabeza y puso dos dedos en mis labios, indicando así que callase y le dejase acabar el relato.

– A parte de Frigg, nadie más conocía la única debilidad de Baldr, así que era inmortal a ojos de todos. Y eso hacía que Loki ardiese de rabia, pues él, amante del caos, astuto y señor de las mentiras ansiaba la muerte de Baldr. Así pues decidió disfrazarse de anciana y visitar a Frigg y la molestó miles de veces hasta que ella le reveló el único objeto que podía arrebatar la vida de Baldr. Loki corrió a los bosques, a buscar muérdago, y con él creó una flecha. Pero matarlo con sus propias manos no era divertido. Si conseguía que otro dios, ignorante del poder del objeto, usara la flecha para matar a Baldr, así sería mucho más divertido.

Escuchaba atento, el corazón me palpitaba con rapidez. ¿Se saldría Loki con la suya? Entreabrí los labios y abrí bastante los ojos, esperando que madre me revelase el desenlace.

– Entonces en un día aún por llegar, Loki propondrá un juego. Todos lanzarán objetos a Baldr, a fin de cuentas, nada va a dañarlo, ¿no?. Loki se acercará a Hodr, uno de los hermanos pequeños de Baldr y le dará la flecha de muérdago y así será como morirá a manos de su propio hermano. Desprovistos de luz y de verdad los dioses anunciarán el Ragnarök, y Odín y la giganta Rindr darán a luz a Váli para que éste vengue la muerte de Baldr y mate a Hodr. Nanna se tirará a la pira mortuoria de Baldr, aguardando el fin del Ragnarök para reencontrarse con su amor. Y Hodr y Baldr se reconciliarán en el reino de Hela. Loki será castigado por su acto una vez se descubra que él fue el que planeó todo, y su castigo será estar atado a tres rocas mientras una serpiente gotea veneno en su cabeza por la eternidad. Y finalmente se acabará el caos, la gran batalla acabará, Baldr renacerá y él, junto a otros hijos de Odín, reinaran el nuevo mundo.

Madre besó mi frente, y sin separarse apenas susurró.

– Einarr, el dios Baldr es justo, es bueno con sus guerreros, es amado y respetado, como todo líder debería ser. A pesar de no ser el primer hijo de Odín, él será quien reine en el nuevo mundo. Y tu, pequeño mío, a partir de hoy tendrás que convertirte en un jarl al que Baldr no pueda envidiar nada. Sé que deseas demostrar al mundo lo fuerte y valiente que eres. Pero no olvides, la fuerza y la valentía no lo son todo. Si quieres ser un buen líder tendrás que aprender otras habilidades.

– ¿Cómo? Madre… ¿y mi hermano mayor…?

Me separé abruptamente y la miré confuso. Entonces recordé la tristeza que vi en sus ojos antes de empezar el relato. Esa tristeza parecía ser mayor que antes, sin embargo ella sonrió y acarició mi mejilla. No sé cuánto rato había pasado, pero de repente reparé en que el sonido de la tormenta había cesado y que se escuchaba el ruido de los hombres que habían vuelto al poblado. Me levanté de un salto y salí corriendo hacia la puerta. Tal vez, de haber permanecido al lado de madre me habría percatado del dolor intenso que sentía. Pues ella ya sabía lo que había pasado. Se lo habían dicho los dioses.

Abrí la puerta y salí corriendo con una gran sonrisa, saltando entre las pilas de nieve acumuladas por la tormenta. Deseoso por reunirme con los guerreros.

– ¡Padre! ¡Hermano! ¡Padre!

Mis brincos fueron perdiendo intensidad y la sonrisa se desdibujó de mi rostro instantáneamente cuando llegué junto a ellos. Padre se arrodilló frente a mí, puso una mano en mi hombro y me dio un pequeño apretón. Juraría que su rostro reflejaba una tristeza contenida. La tristeza de un guerrero que ha visto morir a demasiada gente como para entender que la vida es efímera y la muerte un paso más. Que no tenemos ningún control sobre el destino, que los dioses juegan con nosotros. Que el destino es inescrutable. La tristeza contenida de un guerrero que confía en que se reunirá en el Valhalla con sus seres amados.

– Einarr, a partir de mañana comenzaremos un entrenamiento más duro. Te llevaré de hoy en adelante conmigo a toda batalla y cacería que se presente. Vivirás tu primer muro de escudos, te enfrentarás a osos y a señores de la guerra. Lucharemos hacha con hacha hasta que muramos, y entonces seguiremos luchando cuando nos reencontremos en el Valhalla, dónde tu hermano nos espera. Toma, a partir de ahora esto es tuyo, a tu hermano le hubiese gustado que lo tuvieras.

Me colocó en el cuello un amuleto ensangrentado, se levantó y dio otro apretón sobre mi hombro mientras otros guerreros pasaban por nuestro lado con la madera que transportaba el cadáver de mi hermano mayor.

 

El tapiz de Skuld

Relato inventado y mito de Baldr

El mito de la creación egipcio

El mito

Sólo existía Nun, el océano. Ni tierra, ni plantas, ni seres habitaban el planeta. Todo era agua y oscuridad. Entonces surgió el primer montículo, y gracias al soporte terrestre nació Ra, el primer dios, y comenzó la vida.

Ra creó el sol, que se levantó lentamente por el horizonte hasta iluminarlo todo. Acto seguido el gran dios nombró a Shu, y el viento comenzó a soplar. Luego mencionó el nombre de Tefnut, y comenzó a llover. El viento y la lluvia habían sido creados. Shu y Tefnut tuvieron hijos, Geb, la tierra (masculino), y por encima de él Nut, el cielo (femenino). Geb y Nut se casaron y de su unión nacieron todas las estrellas.

Geb y Nut dibujados en papiro.

Shu y Tefnunt, descontentos con la relación de sus hijos, pidieron a Ra que los vigilase. Así que Ra mandó uno de sus ojos a vigilar a Geb y Nut, y cuando el ojo regresó, un nuevo ojo ocupaba su lugar. El Ojo de Ra, entristecido y lleno de pena comenzó a llorar. Así, de las lágrimas del Ojo de Ra, apareció la humanidad.

Geb y Nut, negándose a romper su unión, siguieron copulando y así nacieron Osiris, Isis, Seth, Horus (Mejentienirti) y Neftis. Y de ellos siguió apareciendo todo tipo de vida.

Ra, bajo su aspecto humano, gobernó Egipto con justicia y bondad durante miles de años, logrando la felicidad de sus súbditos. Pero el paso de los años comenzó a pesar sobre el cuerpo humano de Ra y sus súbditos comenzaron a perderle el respeto a su envejecido y debilitado rey.

Jeroglífico de la diosa Sekhmet.

A lo largo del reino se alzaron las revueltas y Ra, enfurecido, mandó a su hija Sekhmet, nacida de su Ojo, para castigarlos. La furia de la peligrosa leona se sembró a su paso, desolando con violencia y crueldad todo lo que se encontraba, llenando Egipto de plagas y pestes. Ra, apiadado de los humanos al darse cuenta de la fuerza destructora de su hija, decidió transformarla en Hathor/Bastet, diosa de la dulzura y el amor, de la medicina y la sanación.

Pero Ra seguía siendo senil, y un dios más joven tenía que ocupar su lugar. Isis, hábilmente elaboró un plan. De la baba de su abuelo Ra creó una serpiente que mordió a Ra, envenenándolo. Lleno de dolor por el veneno, Ra llamó a Isis, su sanadora, en busca de ayuda. Y ella aceptó curarlo sólo si le descubría su verdadera deidad: “Si conozco tu nombre secreto, podré curarte”.

Pues quién conociera el verdadero nombre de Ra, podría convertirse en faraón de Egipto. Y Ra le respondió que sólo se lo diría bajo la promesa que ella únicamente daría esa información a su futuro hijo, al que debía llamar Horus, y éste a su hijo, y luego a su hijo, generación tras generación.

De este modo Ra se curó e Isis obtuvo sus poderes. Ya curado y mayor, Ra se volvió al cielo, donde vigila el mundo transportando en su barca sagrada el Sol hasta que por la noche Nut se lo traga, siguiendo el viaje por el infierno hasta el nuevo amanecer. Porque Ra es el Sol, y aparece con el alba y desaparece con la oscuridad.

Jeroglífico de Ra viajando en su barca.

Y así Isis convirtió a su hijo Horus en el nuevo señor de Egipto, quién todo lo gobierna y todo lo ve.

Reflexión

Dos cosas a decir.

Siempre me ha parecido curioso que los egipcios diesen tanta importáncia al poder de los nombres. Ellos creían que si conocías el nombre real de los dioses, no podían hacer nada contra ti. Por eso en el libro de los muertos siempre se daba a conocer los nombres de cada dios y monstruo. Se ve claramente en este mito, cuando Isis le pide a Ra su verdadera identidad, lo importante que era para ellos. ¿Por qué motivo sería?

Y, no es el primer mito en el que se menciona que al principio sólo existía el agua. Tal vez sea porque estoy leyendo ahora mismo la novela de El informe Phaeton: El diario secreto de Noe y estoy dando muchas vueltas a los mensajes de las leyendas del pasado, pero no deja de llamar mi atención que tantas culturas antiguas apunten al echo de que al principio sólo existía un planeta de agua, y que más tarde aparecieron los continentes. ¿Cómo podían conocer ellos tanto sobre geografía como para saber que los continentes terrestres se formaron tras siglos de ser la Tierra un planeta de únicamente agua?

 

Bibliografía

[1] Hart, G., (2003). Mitos egipcios. Akal, Madrid.

[2] https://papirosperdidos.com

[3] https://sobreleyendas.com

El mito de la creación Celta

Los celtas no ofrecen una única versión de la creación del universo. Al igual que las culturas nórdicas, la suya era una tradición más oral que escrita. Sumando esto a que la cultura celta se estableció en un marco geográfico muy grande, con diferentes idiomas e influencias, nos ha llevado a que existan diferentes historias en lugar de un único relato.

Así que hoy voy a explicar uno de los mitos de la creación. Posiblemente este mito pertenece a las comunidades celtas que se establecieron en Irlanda.

La yegua blanca

Al principio no había ni dioses ni humanos habitando la tierra. Tampoco existía el tiempo. Tan sólo existía la tierra y el mar. Entonces Eiocha, la yegua blanca, nació de la espuma blanca que el mar hacía al tocar la tierra. Cerca de ella creció un roble fuerte, del cual brotaban bayas blancas, las lágrimas del mar. Eiocha, que se alimentaba de estas bayas, creció fuerte y dio a luz al primer dios: Cernunnos. Durante el parto, Eiocha sufría tales dolores que rompió algunas piezas de corteza del roble y las tiró al mar. Fue entonces cuando los gigantes de las profundidades aparecieron por primera vez.

Relieve de Cernunnos rodeado de animales.

Cernunnos, solitario, tuvo hijos con su propia madre, y así fue como nacieron Maponus, Tauranus, Teutates y la diosa Epona*. Tras dar a luz a sus nuevos 4 hijos, Eiocha regresó al mar y así se convirtió en Tethra, la diosa de las profundidades.

 

El trabajo de los dioses

Entonces sólo habitaban la tierra algunos dioses y el roble. Los dioses se sentían solitarios y tristes de que nadie los adorase, así pues decidieron crear la vida, y de la madera del roble diseñaron al primer hombre y a la primera mujer. Uno a uno empezaron a crear sus propios diseños. Cernunnos pidió al roble que crease bosques, y los pobló con diferentes animales: ciervos, osos, serpientes, perros, cuervos y liebres. Por otro lado, Epona creó una yegua y un semental; Tetuates creó flechas, arcos y un garrote; Tauranus dio lugar a los rayos y al fuego; y Maponus creó una exquisita arpa que tocaba con tal maestría que el viento y todos los animales se reunían a su alrededor para escucharlo.

Figurilla de la diosa Danu, diosa madre de los Tuatha de Dannan.

Pero mientras los dioses vivían felizmente y con comodidad los gigantes de las profundidades marinas, llenos de envidia, decidieron girar la tierra. Eiocha avisó a sus hijos, y gracias a ello los dioses devolvieron los gigantes al fondo del mar, donde fueron obligados a vivir eternamente. Sin embargo algunos gigantes escaparon. Dirigidos por Fomhoire, se escondieron al perímetro exterior de la tierra jurando venganza.

Otros dioses aparecieron cuando el cielo y el mar se entremezclaron durante el tumulto. Belenus y Danu, su hermana, nacieron del primer fuego. Lir, que de las aguas ya más calmadas creó al poderoso Manannan, al sabio Bran y a Branwen la más hermosa de las diosas. Y entonces Danu, la diosa madre, dió a luz a los dioses más importantes, a los dioses de Tuatha de Dannan: Dagda, Nuada de la tierra plateada, Diancecht el sabio, Goihbhio el herrero, Morrigan la aterradora y la gentil Brigit.

Y de ellos nacieron muchos otros dioses, héroes y reyes. Así fue como empezaron todas las batallas, todos los romances y todas las guerras que inundarían la vida de los dioses, de los druidas y de los reyes.

 

*A pesar de que Epona es una diosa celta, la diosa de los caballos, gustó tanto a los soldados romanos que fue incorporada al panteón de dioses romanos. Por eso es posible encontrar su nombre en la mitología romana también.

 

Bibliografía

Hourly History (2016). Celtic Mythology: A Concise Guide to the Gods, Sagas and Beliefs.

http://www.irishtribes.com/articles/2012-11-lost-celtic-creation-myth-in-english.html

El mito de la creación coreano

A diferencia del mito de la creación Maori, el mito coreano no se centra tanto en la creación del planeta, sino en la aparición del humano. Así pues, el mito de la creación coreano, también conocido como el mito de Tangun es una narración que tiene lugar en un universo y un planeta ya creados pero en el que sólo habitaban dioses y espíritus.

El mito

Todo empezó un día cuando Hwanung, Príncipe del Cielo, miró abajo hacia la Tierra. Al verla deseó ser el señor de esas tierras y dirigir a su futura humanidad. Su padre, Hwanin, el Señor del Cielo, conocedor de los deseos de su hijo y sabiendo que su hijo haría a la humanidad feliz, escogió el Monte Taebaek como el lugar adecuado para que su hijo descendiera.

Así pues Hwanung bajo al Monte Taebaek y debajo de un árbol de sándalo creó la ciudad sagrada qué habitaría. Consigo se llevó tres sellos sagrados y 3000 servidores (espíritus). Además también lo acompañaron hacia la Tierra tres ministros: el Señor del Viento, el Maestro de la Lluvia y el Maestro de las Nubes.

Un buen día, paseando por la montaña, un tigre y un oso que habían escuchado sobre los poderes del príncipe, se acercaron a Hwanung con la misma petición.

– Príncipe celestial, deseo convertirme en un ser humano. Dime qué tengo que hacer, y así lo haré.

Hwanung, tras meditarlo, les propuso un trato.

– Tengo un reto para vosotros. Tendréis que vivir durante 100 días en una cueva, sin ver la luz del sol, y todo lo que tendréis para comer son 20 dientes de ajo y un poco de altamisa. Ahora entrad en la cueva y superad el reto.

El oso y el tigre entraron con su comida en la cueva, pero el tigre, impaciente y nervioso, fue incapaz de aguantar más que unos días y huyó de nuevo hacia el bosque. Por contra, el oso, paciente, se dedicó a dormir  durante 100 días. Superado el último día de la prueba el oso se convirtió en una hermosa mujer, Ungyo, pero pronto se sintió sola y triste por lo que empezó a rezar a Hwanung para que le diese un hijo. El dios, escuchando sus ofrecimientos, tomó a Ungyo por esposa y la dejó embarazada.

De su matrimonio nació Tangun, Rey del Sándalo, el primer Rey de Gojoseon. Tangun reinó en paz y justícia durante 1500 años, hasta que decidió volver al Monte Taebaek y convertirse en un dios de la montaña.

Si alguno ha viajado a Corea y aún no conocía este mito, ahora tal vez entenderá varias cosas que puede haber visto durante el viaje, como una enorme variedad de souvenirs en forma de osos vestidos con hanbok, el vestido tradicional coreano. Pues, según el mito de Tangun, los coreanos vienen del oso.

Lo que me parece curioso del mito es que, a pesar de ser Tangun el personaje más conocido y poderoso, el primer ser humano que apareció fue Ungyo, una mujer. Algo parecido pasa en el mito de la creación del ser humano de los Maori (ya lo contaré dentro de poco), pues según los Maori la mujer humana fue la primera en ser creada. Sé suficiente de Corea y su historia para decir que Corea había sido, hace muchos muchos siglos, un reino fuertemente influenciado por el shamanismo y, tal vez, una sociedad matriarcal antes de la Era de los Tres Reinos. Se han encontrado tumbas anteriores a esa época en las que las mujeres eran enterradas con más riquezas y ostentación que los hombres.

Ambos casos, tanto el mito maori como el mito coreano, me parecen curiosos. Son muy pocos los mitos de la creación en los que la mujer apareció primera/fue creada antes que el hombre. Y a su vez me hace pensar sobre la relación entre el matriarcado y las sociedades shamánicas. ¿Alguien más le ve relación a esos dos conceptos?

La realidad

A fecha de hoy no está claro si Tangun es simplemente un nombre de leyenda o si responde a algún rey que existió ya hace milenios en la península. Documentos parecen apoyar la idea de que un Rey llamado Tangun reinó en la península sobre el 2333 AC. Aunque no está clara su veracidad, los Anales de la Dinastía Joseon y los documentos del Dongguk Tongram y del Samguk Yusa, parecen apoyar la idea de que el soberano Tangun reinó a la vez que el Emperador chino Yao, pero entre los 3 documentos hay cierto desliz de fechas impidiendo determinar claramente el inicio y el fin del mandato de Tangun.

Un hecho curioso es que Kim Il-sung, primer líder de la República Popular Democrática de Corea del Norte, siempre estuvo convencido de la existencia de Tangun y se propuso encontrar su tumba. Dijo encontrarla en el Monte Taebaek de Kangdong (no confundir con el Monte Taebaek de Corea del Sur), zona cercana a Pyeongyang, y allí levantó el Mausuleo de Tangun que se puede visitar si se viaja a Corea del Norte. Al día de hoy el sitio sigue siendo un tema de controversia entre historiadores y arqueólogos de las dos Corea y de China.