Morrigan: La gran reina

Triskel de Morrigan

La hallaréis en todos los enfrentamientos bélicos. Armadura negra, escudo y arma en mano. Cuervos la acompañan mientras sobrevuela el campo de batalla. Es la Reina Fantasma, ¡la Gran Reina! Es inconfundible, su belleza es sin igual. Tez pálida como la luna, labios rosados de doncella, cabellera negra y suave como el cielo nocturno que te acaricia al dormir, ojos oscuros pero brillantes como las estrellas, aliento de rocío. Poderosa como ninguna. Ella es la Reina Espectral.

Más no debéis temerla; si junto a vuestro ejército pasea la victoria os concederá. A los guerreros que sonría les infundirá la fuerza, valor y la ira para ganar. Si su sonrisa queréis ganaros, luchad pues, luchad con honor y braveza. Cuando en vosotros se fije, de gloria os llenará. Pues ella es la triada, doncella, madre y viuda, ¡hija de los Tuatha Dé Danann!

Ella es vida, es muerte, es el placer carnal, es violencia. Es guerra, nacimiento, renovación, amor. Nutre a los dioses, es amante de reyes. Capaz de destruir y dar la vida. Conoce el destino de los hombres, el porvenir y la fortuna de todo.

¿Su voz y sus pasos en el campo de batalla escucháis? Luchad con braveza guerreros, pues ha venido a buscar vuestra alma, a arrancar vuestro último hálito de vida. Ha venido a reclamaros para un nuevo ciclo. Y sólo a los bravos y honorables les concede una muerta digna y sin dolor. Más no lloréis, no entréis en pánico si la veis acercarse a vosotros. Es el fin de esta vida, pero será el inicio de otra. Sentiréis el frío momentáneo cuando arranque vuestra alma, pero luego os concederá un cálido beso. ¡Afortunados seréis!

Ella es Morrigan. La más bella, la más temida, la más poderosa. Un símbolo de totalidad, un símbolo de eternidad.

¿Queréis volver a casa con vuestras familias? ¡Gritad su nombre pues al blandir vuestras espadas, lanzas y hachas! Pues mañana, en este campo, sólo si nos sonríe obtendremos la victoria. Ofrecerle una batalla digna de su rango, digna de una reina, digna de una diosa.

El tapiz de Skuld

Interpretación de la diosa celta Morrigan

El mito de la creación Celta

Los celtas no ofrecen una única versión de la creación del universo. Al igual que las culturas nórdicas, la suya era una tradición más oral que escrita. Sumando esto a que la cultura celta se estableció en un marco geográfico muy grande, con diferentes idiomas e influencias, nos ha llevado a que existan diferentes historias en lugar de un único relato.

Así que hoy voy a explicar uno de los mitos de la creación. Posiblemente este mito pertenece a las comunidades celtas que se establecieron en Irlanda.

La yegua blanca

Al principio no había ni dioses ni humanos habitando la tierra. Tampoco existía el tiempo. Tan sólo existía la tierra y el mar. Entonces Eiocha, la yegua blanca, nació de la espuma blanca que el mar hacía al tocar la tierra. Cerca de ella creció un roble fuerte, del cual brotaban bayas blancas, las lágrimas del mar. Eiocha, que se alimentaba de estas bayas, creció fuerte y dio a luz al primer dios: Cernunnos. Durante el parto, Eiocha sufría tales dolores que rompió algunas piezas de corteza del roble y las tiró al mar. Fue entonces cuando los gigantes de las profundidades aparecieron por primera vez.

Relieve de Cernunnos rodeado de animales.

Cernunnos, solitario, tuvo hijos con su propia madre, y así fue como nacieron Maponus, Tauranus, Teutates y la diosa Epona*. Tras dar a luz a sus nuevos 4 hijos, Eiocha regresó al mar y así se convirtió en Tethra, la diosa de las profundidades.

 

El trabajo de los dioses

Entonces sólo habitaban la tierra algunos dioses y el roble. Los dioses se sentían solitarios y tristes de que nadie los adorase, así pues decidieron crear la vida, y de la madera del roble diseñaron al primer hombre y a la primera mujer. Uno a uno empezaron a crear sus propios diseños. Cernunnos pidió al roble que crease bosques, y los pobló con diferentes animales: ciervos, osos, serpientes, perros, cuervos y liebres. Por otro lado, Epona creó una yegua y un semental; Tetuates creó flechas, arcos y un garrote; Tauranus dio lugar a los rayos y al fuego; y Maponus creó una exquisita arpa que tocaba con tal maestría que el viento y todos los animales se reunían a su alrededor para escucharlo.

Figurilla de la diosa Danu, diosa madre de los Tuatha de Dannan.

Pero mientras los dioses vivían felizmente y con comodidad los gigantes de las profundidades marinas, llenos de envidia, decidieron girar la tierra. Eiocha avisó a sus hijos, y gracias a ello los dioses devolvieron los gigantes al fondo del mar, donde fueron obligados a vivir eternamente. Sin embargo algunos gigantes escaparon. Dirigidos por Fomhoire, se escondieron al perímetro exterior de la tierra jurando venganza.

Otros dioses aparecieron cuando el cielo y el mar se entremezclaron durante el tumulto. Belenus y Danu, su hermana, nacieron del primer fuego. Lir, que de las aguas ya más calmadas creó al poderoso Manannan, al sabio Bran y a Branwen la más hermosa de las diosas. Y entonces Danu, la diosa madre, dió a luz a los dioses más importantes, a los dioses de Tuatha de Dannan: Dagda, Nuada de la tierra plateada, Diancecht el sabio, Goihbhio el herrero, Morrigan la aterradora y la gentil Brigit.

Y de ellos nacieron muchos otros dioses, héroes y reyes. Así fue como empezaron todas las batallas, todos los romances y todas las guerras que inundarían la vida de los dioses, de los druidas y de los reyes.

 

*A pesar de que Epona es una diosa celta, la diosa de los caballos, gustó tanto a los soldados romanos que fue incorporada al panteón de dioses romanos. Por eso es posible encontrar su nombre en la mitología romana también.

 

Bibliografía

Hourly History (2016). Celtic Mythology: A Concise Guide to the Gods, Sagas and Beliefs.

http://www.irishtribes.com/articles/2012-11-lost-celtic-creation-myth-in-english.html