La mano de Tyr

Y aquí estoy, con la cabeza gacha, sin osar mirarte a los ojos. Tan sólo hace unos segundos te miré directamente cuando acepté el trato, ahora la vergüenza me inunda. Te va a doler tanto como a mí, mi traición. ¿Algún día entenderás por qué lo he hecho?

Me recorre un pequeño escalofrío a lo largo de la espalda y tenso ligeramente los dedos. Es por culpa de la sensación de tus babas, tu lengua rasposa y el tacto de tus colmillos afilados. Un simple preludio de lo que se acerca, del destino que no podemos evitar. Respiro hondo, con pesadez y dificultad, desearía que las cosas fueran diferentes. El destino es inexorable, las tres nornas se divierten tejiendo con nuestros hilos de la vida. ¿Cuál de ellas tres habrá sido la que opinó que sería divertido crear este enredo?

Se acercan con las cadenas y miro de reojo como te las colocan, son tan finas, tan delgadas… pero son indestructibles. Ni siquiera tú, con tu fuerza sobrehumana serás capaz de romperlas. ¿Lo sabías verdad? ¿Sabías que esto era una trampa, por qué has aceptado? Chasqueo la lengua, molesto, enfadado, indignado, triste, pero sabiendo que estoy cumpliendo mi deber.

Una vez te atan bien las cadenas haces un intento de romperlas, de liberarte, pero en seguida te das cuenta que no puedes, que te han engañado. No, te hemos. Yo también. Yo, yo he formado parte de esto. Mis silencios, ofrecerme como voluntario, me hacen cómplice. Intentas por segunda vez romper las cadenas, incluso una tercera. Con pena y con dolor alzo la cabeza para mirarte. Sin pronunciar sonido muevo los labios y susurro un silencioso “¿por qué lo haces?” ¿Por qué te torturas intentando romperlas si sabes que es imposible? ¿Si sabes que los dioses te hemos engañado? ¿Lo haces por evitar llevar a cabo el trato? ¿Lo haces por pena hacia mí?

Odín, Thor, Frey, Heimdall, Freya… todos empiezan a reírse. Se burlan de ti. Yo no puedo dejar de mirarte. Me avergüenza su comportamiento, lo mínimo que puedo hacer es mirarte a los ojos y dar la cara por nuestros actos. Tu también me estás mirando, e intento buscar el dolor y la rabia en tus ojos. Y creo encontrarlos, pero junto al dolor de la traición y a la rabia del engaño veo algo más, la duda. Hemos hecho un trato Fenrir, tu sabías que eso era una trampa, pediste que alguno de los dioses colocase la mano en tu boca, y que si todo resultaba ser una farsa, arrancarías la mano al voluntario. Y yo acepté. Te traicioné a sabiendas, porqué aunque eres mi amigo, aunque te he cuidado y criado, soy uno de ellos. Así que no dudes, no dudes y arráncame la mano. Tu duda sólo añade más dolor a la situación.

De algún modo veo que buscas la confirmación en mi mirada, así que asiento con la cabeza una sola vez, con firmeza y determinación. Mientras todos siguen riéndose, ajenos a nuestro dolor emocional, ajenos al dolor físico que estoy a punto de recibir. Un pequeño suspiro se te escapa y en menos de un segundo dejo de notar la sensación húmeda de tu lengua, tu respiración y tus colmillos afilados. Sólo siento dolor, sangre brotar. Ha sido rápido, en un segundo has arrancado mi mano, y en ese mismo segundo he visto toda nuestra historia. A Thor y a mi encontrarte a ti y a tus hermanos, llevaros a Asgard, criarte, alimentarte, jugar contigo, verte pasar de cachorro al imponente lobo gigante que eres ahora. Los castigos impuestos a tus hermanos, el temor creciente de Odín hacia tu fuerza.

Noto alguien que me sujeta por los hombros y me separa de ti con rapidez. Me llevo mi única mano a dónde estaría la opuesta. Es raro notar únicamente el vacío y la sangre. Te miro por última vez antes de darte la espalda e irme a buscar a una curandera. Es sorprendente pero el dolor emocional es peor que el físico, te escucho aullar, rabioso, amenazar a Odín con acabar con todos nosotros. Escucho el sonido de las cadenas cuando tiras de ellas, tal vez en un último intento desesperado de soltarlas, y finalmente otro aullido de rabia, uno que juraría que lleva mi nombre y lo esparce por todo el cielo de Asgard… “Tyr!”.

Tu no hiciste nada malo, tu única condena es ser hijo de Loki. Te hemos castigado por miedo, y por ese mismo miedo en el Ragnarok algunos caerán muertos entre tus colmillos. Volveremos a vernos mi amigo canino. No sé si serás capaz de perdonar mi traición, yo no podré.

Pero el destino es inexcrutable.

 

El tapiz de Skuld

Adaptación del mito nórdico de Fenrir y Tyr

Sol y Mani

Antes de empezar con la entrada de hoy necesito hacer una pequeña anotación. Los que conocen mitología nórdica ya lo sabrán, pero para los que desconozcan su cultura es importante saber que de los mitos nórdicos tenemos muy poco escrito, pues la suya era una tradición oral, y eso lleva a veces a que algunas historias/personajes se mezclan, confundan o tengan más de una versión. La mayoría de sus leyendas e historias fueron recopiladas en las dos Eddas, pero existen otros pergaminos con menciones a todas las divnidades, monstruos, seres y leyendas nórdicas.

Sol y Mani

Sol y Mani son de las primeras las divinidades nórdicas que aparecieron en el cosmos. Representan al sol y la luna respectivamente. Aunque en este caso el sol es “ella” y la luna es “él”. Y esta es su historia.

Son hijos de Mundilfäri, de quien poco sabemos. Algunos escritos dicen que era un gigante, otros que era un humano. Algunos textos hablan de una tercera hermana, Sinthgunt, la diosa del paso del tiempo. Pero las menciones a ella son muy pocas.

Mundilfäri es el padre de Mani, y también de Sol; ellos deben viajar a través del cielo cada día como una tarja para los hombres.

Vafthrúdnismál – Edda mayor

 

El mito

Por el sur el sol, de la luna pareja,

su diestra asomó, por el borde del cielo

no sabía el sol qué morada tenía,

no sabían las estrellas qué puestos tenían,

no sabía la luna qué poder tenía.

Völuspá – Edda mayor

Cuando Sol y Mani aparecieron al inicio de los tiempos no sabían cuál era su función en el universo ni qué poderes tenían. Así que, juntos, con el fin de buscar su lugar en el cosmos, los hermanos decidieron cómo serían las diferentes partes del día, del año y de los ciclos lunares. Ambos viajan por el cielo con sus carruajes tirados por caballos, llevando consigo al sol y a la luna.

En la Edda prosaica (o Edda menor), Snorri explica que el sol (el astro), junto a las estrellas y la luna, fueron originados como chispas en Muspelheim (la tierra del fuego), y a través de carruajes sin jinete se alzaron al cielo. Cuando Mundilfäri decidió nombrar a sus hijos Sol y Mani, los dioses se molestaron por la arrogancia del padre, y decidieron castigarlo obligando a sus hijos a ser los jinetes de los dos carruajes. En otros textos se menciona que, según la creencia nórdica, el sol no daba luz, que en cambio la luz emanaba de Alsvidr y Árvak (mencionados abajo).

Sol y Mani, perseguidos por Skoll y Hati. Pintura de J.C. Dollman.

Desconocemos los nombres de los caballos de Mani, pero los caballos de Sol se llamaban Árvakr (“Madrugador”) y Alsvidr (“Rápido”). Ambos hermanos conducen sus carruajes mientras huyen de los lobos Skoll (que sigue a Sol) y Hati (que sigue a Mani). La suya es una persecución que acabará con la llegada del caos y del fin de los días, con el Ragnarok. Será entonces cuando los lobos engulliran al sol, dejando todo el mundo sumido en la oscuridad. De Skoll, Hati y su relación con Sol, Mani y su influencia el Ragnarok hablaré otro día, pues el tema da para una entrada independiente.

Según uno de los poemas de la Edda poética (o Edda mayor), un personaje llamado Svalinn cavalga junto a Sol, sujetando un escudo entre ella y la Tierra, para evitar que los mares y la tierra sean consumidos por las llamas. En la Edda prosaica también se nos explica que Sol se casó con Glenr, de quien también sabemos poco. Y entrando de nuevo con las discrepancias, el nombre de Sunna se añade a la lista. Algunos textos hablan de ella como la hija de Sol y Glenr, mientras que otros consideran que Sunna y Sol eran la misma divnidad. Concretamente Sunna y Sol son mencionadas como la misma persona en los Encanterios de Merseburg (tradición germana). En ellos se habla de Sunna como la hermana de Sinthgunt

Svalin se llama, se hiergue ante el sol, el escudo, claro sacerdote, montañas y mares sé que arderán si cae desde allí.

Grímnismál – Edda mayor

La idea del sol y la luna como dioses que surcan el cielo con sus carruajes es una imagen muy antigua en la cultura nórdica y germana. Ya desde la edad de Bronce se esculpían artefactos con sus imágenes en Escandinavia y Dinamarca, un ejemplo es la escultura nombrada “The Trundholm” (foto abajo) encontrada en Dinamarca. Gracias a esos artefactos de la edad de Bronce podemos decir con seguridad que la concepción de Sol y Mani forma parte de una cultura pre-cristiana, especialmente Sol ya que su presencia es mayor a la de Mani. En verdad algunos estudiosos hablan de Sol como una posible evolución de alguna deidad protoindoeuropea que habría sido muy venerada en sus inicios.

Sin embargo con el desarrollo de la mitología nórdica Sol y Mani perdieron cierta importancia a favor de los dioses más canónicos del panteón nórdico.

The Trundholm sun chariot from Bronze Age Denmark.

 

Bibligorafía

[1] McCoy, Daniel (2016). The Viking Spirit: An Introduction to Norse Mythology and Religion. CreateSpace Independent Publishing Platform.

[2] Simek, Rudolf (2007) translated by Angela Hall. Dictionary of Northern Mythology. D.S. Brewer.

[3] Snorri Sturluson. Edda poética. Gylfaginning, capítulo 10.

[4] Snorri Sturluson. Edda poética. Gríminsmál, estrofas 37-39.

[5] Snorri Sturluson. Edda poética. Vafþrúðnismál, estrofa 23.

[6] Snorri Sturluson. Edda poética. Völuspá, estrofas 5-6.